Jimena quedó aturdida por los golpes, mareada, con destellos dorados en los ojos. Su boca estaba llena de sabor a sangre, y el dolor le provocaba convulsiones, mostrando los dientes y gimiendo incesantemente.
Ante el dolor agonizante, no le importaba su propia apariencia.
—¡Mi oído me duele tanto!
Jimena recibió dos golpes en la mejilla derecha, y un zumbido penetrante resonó en su oído interno, haciéndola gritar de dolor.
—¡Jimena! ¡Mi Jimena!
Mateo, sorprendido, abrió los ojos con asombro. Gri