Clara ni siquiera tuvo tiempo de colgar el teléfono y ni se molestó en cambiarse de ropa. Como un pájaro con afán de escaparse de su jaula, atravesó los largos pasillos y corrió hacia la puerta principal de la villa Hermosa.
La noche estaba tranquila, iluminada por una única lámpara.
Una figura alta y elegante se tiñó con un halo suave, sus ojos brillaban con gran expectativa.
Aunque se esperaba una fuerte lluvia esta noche, Alejandro no le dio gran importancia. Terminó su trabajo en La ciudad d