Jimena mantenía la cabeza baja, furiosa, pero sin atreverse a decir una sola palabra.
Leona ya sabía de la animada escena que había ocurrido recientemente. Al ver a la arrogante niña mimada, que siempre se creía superior a los demás, con este inusual aspecto sombrío, se tapó la boca y se rio en secreto, disfrutando de la situación.
Walter sonrió abiertamente y dijo: —Padre, no digas eso. Jimena es mi sobrina, ¿a quién más iba a ayudar si no a ella? No puedo ayudar a un extraño, ¿verdad?
Al escuc