El tono de Julio se volvía gradualmente bastante severo. —No solo están juntos, ¿él también vive en tu casa en México, ¿verdad?
Alejandro apenas escuchó su propio nombre, su corazón se aceleró.
En ese momento, los ojos de Clara se tornaron sombríos de repente. —Julio, ¿qué estás insinuando? ¿Has enviado a alguien para seguirme?
—Me preocupo por mi hija, ¿algún problema? — Esta vez, Julio no se mostró complaciente y le devolvió rápidamente la pregunta.
—He estado fuera, sola, aventurándome en el