Sintiendo la insinuación en sus palabras, Clara aceleró su corazón, sus mejillas se sonrojaron, y sus largas pestañas temblaban sin cesar.
—Felicidades, Alejandro, por tu excelente recuperación. Todavía tengo algunas cosas que hacer, así que les dejo el consultorio para descansar. Pueden quedarse aquí; me voy primero—dijo Esteban, comprendiendo perfectamente los efusivos sentimientos de los jóvenes. Ahora, si no se iba, su inteligencia emocional sería demasiado baja. Debía dejarles espacio para