Rodrigo se despidió de todos y se apresuró de regreso a casa.
Durante estos días, él siempre se había contenido, mostrándose como un hombre indiferente ante el amor delante de los demás. Pero en privado, cuando nadie lo veía, se envolvía en la manta y miraba una y otra vez las fotos íntimas con su amada Noa. Al mirarlas, sus ojos se enrojecían hasta el punto de llorar.
La ausencia de Noa lo tenía a Rodrigo muy apenado y melancólico, sin poder comer ni dormir, sintiendo una profunda añoranza.
Al