En el interior del coche, ninguno de los dos hablaba, ambos luchando contra las oleadas de náuseas y mareos. Sebastián, irritado, aflojó su corbata.
—No saldrás de casa estos días. Hablaremos cuando estés más calmada.
Daniela todavía sentía dolor en varias partes de su cuerpo por los golpes recibidos, incluso moverse era un esfuerzo.
Cerró los ojos suavemente por un momento antes de hablar.
—¿También piensas que es mi culpa?
Sebastián sintió que nunca se había sentido tan mal, ni siquiera cuan