Daniela aún no entendía muy bien por qué Luciana había venido, cuando esta corrió hacia ella en tres zancadas y, sin decir una sola palabra, le soltó una bofetada.
El golpe fue tan fuerte que el rostro de Daniela se apartó de inmediato y sangre brotó de sus labios.
Pero una bofetada no fue suficiente para Luciana. Apuntando directamente a la nariz de Daniela, la reprendió con dureza: —¡Eres una mujer casada, engañando a mi hermano y a otros hombres! ¡Cómo te atreves siquiera a tener ideas con Lu