El cuchillo nunca llegó a bajar.
En la oscuridad, una mano interceptó apresurado al intruso y, en cuestión de segundos, este fue arrebatado de sus manos y el agresor fue derribado y sometido.
Las luces se encendieron al instante.
Daniela e Isidro entraron junto a otros.
Iker, con el cuchillo en la mano, se acercó con ímpetu al intruso y le preguntó: —Dime, ¿quién eres? ¿Por qué intentaste destruir esta pintura?
Daniela, que ya había reconocido en ese momento al hombre cuando se encendieron las l