Las lágrimas de Sofía caían desbordadas una tras otra: —¡Cómo no es tu, claro que no te duele!
—¿Sabes? Cuando la sangre comenzó a fluir de mi cuerpo, sentí que mi bebé se alejaba poco a poco de mí. ¡Es un dolor que desgarra por completo el alma!
Sofía se cubría con dolor el pecho, como si no pudiera soportarlo.
Sebastián frunció ligeramente el ceño.
Él realmente no podía comprender su agudo dolor en ese momento.
Pero al ver el estado de Sofía, también sintió un fuerte nudo en el estómago.
Habló