Daniela apenas dirigió una ligera mirada a Sebastián antes de centrar su atención en Antonia.
Los ojos de Antonia temblaron en ese momento, y dijo con gran frialdad: —¿Qué clase de mirada es esa? ¿Acaso no te merecías esta bofetada?
—Intentaste perjudicar a Sofía, pero lo más imperdonable fue que no tuviste en cuenta la sangre de la familia Romero.
—Darte dos bofetadas es ser bastante indulgente contigo.
—Hoy mismo irás a la casa de la familia Romero, te arrodillarás y rezarás para pedir a Dios