—¿Taxis? ¿Cómo, también me estás cobrando los taxis?
—¿Gastos de agua, electricidad, internet? ¿También me estás pidiendo eso?
Emilia comenzó a enumerar cada gasto mencionado en las cuentas, y con cada palabra, la mirada de desprecio de la gente hacia Gabriel se intensificaba aún más.
La cara de Gabriel se oscurecía cada vez más.
—¿Esto, no debería ser así? Vivíamos juntos, es justo dividir los gastos a la mitad.
Emilia se rio enfurecida: —Sí, es muy razonable. En verdad, no me había dado cuenta