Armando aún llevaba la toalla alrededor de su cintura, sin haberla retirado.
En ese momento, Armando me miraba con una sonrisa burlona en el rostro, y en un instante entendí que me había tomado el pelo.
—¿Armando, me estás tomando el pelo?, lo miré con enojo, con una mirada de desaprobación. Me preguntaba cómo no me había dado cuenta antes de que este hombre tenía un lado tan demoníaco, capaz incluso de jugar con la gente.
—Jazmín, he notado que siempre tienes algo sucio que decir, sacando prove