Armando pareció no estar contento de que me cubriera con la manta, arqueando ligeramente las cejas mientras hablaba con voz tranquila.
—Um... es tarde, tengo que ir a trabajar, o llegaré tarde— dije nerviosa, buscando una excusa para salir de la situación incómoda. No me atreví a mirarle a los ojos; su mirada parecía poder leerlo todo, y cada vez que nuestros ojos se encontraban, sentía un nerviosismo incontrolable.
—¿Trabajas en Brillo Creativo?— preguntó, cambiando repentinamente de tema cuand