—¿Cómo pude criar a una ingrata como tú? Si algo le pasa a tu hermano, ¡nunca te lo perdonaré!
La voz despiadada de mi mamá resonó por el teléfono, cada palabra como un latigazo contra mi corazón. Sus acusaciones, cargadas de ira y decepción, me atravesaban como dagas. Sentí una punzada aguda en el pecho e intenté explicarme, mis palabras tropezando unas con otras en un intento desesperado por hacerme entender. Pero ella, ciega de rabia, no me dio ni siquiera la oportunidad de articular una fras