El sonido de la música la relajó dé tal modo, que solo ello ocupaba su mente, sentía como latido de su corazón cada movimiento del violín, una suave brisa la abrazo desplazando, con su aparición, la total entrega de Mara hacia la melodía que escuchaba. Su cuerpo reconoció la sensación y se estremeció al recordarla, acompañando a la brisa venía una fragancia que le provocó una sonrisa. Estaba de espalda a la puerta y sus ojos estaban cerrados. Su respiración se había agitado.
-Williams llegaste-