Narra Alondra Ferreyra
Íbamos de camino a casa de David en el auto de Carmen con Javy acompañándonos. Me sentía muy mal, tanto física como mentalmente, mi debilidad era notable y el dolor y ardor en la espalda era insoportable, no me podía sentar bien en el auto, pues la espalda no la podía recostar en el asiento.
En todo el trayecto, David me abrazó, me besó, y me estuvo consolando todo el tiempo que tardamos en llegar a su casa.
– ¿Te duele mucho, mi amor?
–Sí, siento la piel caliente y me a