Apenas se marcharon, me comuniqué con el servicio de eliminación de residuos de la manada. Sin demora, llegó el camión de servicio a la puerta.
"Llévense las ocho maletas. No quiero nada de eso", les indiqué con firmeza.
El empleado me miró con asombro. "¿Está segura, señora? Son maletas de buena calidad".
"Solo hay ropa y unas cosas, nada que valga la pena. Quédense con lo que puedan usar, lo demás tírenlo", respondí.
Tras pagar los 200 dólares por el servicio, observé con profunda satisfacción