—¡Aurora, espera! ¡Aurora, por favor!
Sage y los demás seguían llamándola, pero ella no respondía. Simplemente seguía caminando hacia el coche.
Estaba furiosa y no quería hablar con nadie. No entendía cómo un Alfa podía tener miedo de ir a rescatar a su propia manada. Aunque Sage le había explicado por qué no podía arriesgarse a ir al calabozo, le costaba mucho aceptarlo.
Su mente ya estaba decidida sobre lo que iba a hacer. Sage y los demás podían quedarse allí sin hacer nada, pero ella estaba