Alpha Cowell se sentó con gracia sobre su enorme trono de plata, con su aura llenando todo el salón del edificio de la manada. Sobre su cabeza reposaba una corona dorada que representaba su estatus. Los ancianos y sus asociados también estaban sentados, esperando a que él pronunciara el discurso por el que los había convocado.
—¡Gran manada Lock Hearts! —los saludó.
—¡Su alteza! —respondieron ellos, inclinando la cabeza en señal de respeto.
El Rey se acomodó en su asiento y carraspeó.
—Hoy he