Entonces Corny y Helena se despidieron y me dejaron sola con Dimitri y un padre e hijo demasiado angustiados como para comer.
Ares inclusive demoró demasiado tiempo en la ducha, y cuando fui hasta su habitación para llamarlo, me di cuenta de que no debía apresurarlo porque, a través de la puerta cerrada, lo escuché llorar.
Así, volví a la sala de estar y le hice un gesto negativo a Dimitri, quien parece entender lo que quiero decir y toma una respiración profunda.
—Voy a servir la comida. ¿Vas