Volvió a acariciarme la cabeza y, todavía apurado, se alejó, gesticulando hacia Emily.
—Espero que sepas dónde encontrar a tu padre —le dijo a ella, quien aún me miraba con sutil curiosidad antes de comenzar a seguirlo hacia afuera.
Antes de irme, suspiré, arreglé los recipientes vacíos y chupé uno de los caramelos de café que me dio Alma.
Cuando llegué a casa, debo confesar que estudiar no fue la tarea más fácil del mundo. Estaba agitada por toda la situación de Ares y, después de tanto tiempo