—Sí. ¿Eres enfermera? —Le pregunté, aunque era obvio por su uniforme. Simplemente no sé de qué otra manera continuar la conversación.
—Lo soy. —Sonrió, pareciendo no tener mucha energía. —Mis ojeras deberían dejar eso más claro que mi uniforme.
—¿Es muy agotador? —Pregunté, curiosa, mordiendo el primer pedazo de mi barrita de chocolate con pasas justo después.
—Bastante. A veces lloro de arrepentimiento en el baño. Mi madre me dijo que debí haber tomado otro curso.
—Entonces cámbialo… —Sugerí,