—¿Qué? —cuestiono con los ojos abiertos—, cómo te atreves, ella jamás ha hablado de ti, es terrible que pienses eso.
—Calma, acepta mi invitación y tomémonos un café, ya que no quiero entrar al apartamento de ella sin su presencia.
Su insistencia me dice que algo tiene que decir, que debo aceptar, aunque me arrepienta luego, pero de que no debo perderme esa charla, no debo hacerlo.
Acepto, pero le digo que me espere, que le debo decir al chico que me acompaña que me espere aquí. Doy media vuelt