Casi llegando al último escalón me voy encontrando con la madre de Adal, ¡esa señora no duerme!
Me toca, no puedo retroceder, ya que ella me ha visto y me espera con los brazos cruzados, hmmm, y no se diga con esa sonrisa de oreja a oreja.
Apresure a bajar los escalones y con las piernas temblorosas me acerco a ella, no tanto porque no me he lenguaje vocal y no se diga de mi cabello, ya me imagino, debo parecerme a una yegua revolcada.
Ella me pregunta cómo dormí y si voy a desayunar, a lo que