—¿Ya llegaron?
—Sí. Vimos el avión aterrizar en la noche, se fueron a la villa en Lago de Como.
—¡Diablos! Creí que iría a Milán, siempre se regodea de ese lugar.
—Quizás cambió de opinión.
—Tal vez… ¿Sabes si siguen contratando personal?
—Dijeron que no, quizás para el mes entrante.
—No nos servirá. Sigue vigilando los pasos de la chica y con quién habla en todo momento.
—¿Solo a la chica?
—Si Valentino se reúne con alguien más que te resulte extraño, notifícalo. No podemos a echar a perder es