Capítulo 45: El precio de la clemencia
Despacho de Camila – 1 de la tarde, sábado
La trituradora había dejado de zumbar. Los últimos vestigios de las pruebas contra Lucas no eran más que un montón de confeti negro en el fondo de la papelera. Camila cerró la tapa y se giró hacia Lucas, que permanecía inmóvil en su silla.
—Eres libre, legalmente hablando. —Cruzó los brazos—. Pero queda una condición.
Lucas levantó la cabeza, con los ojos aún enrojecidos.
—¿Cuál?
—Ofelia.
El nombre cayó como un ha