CAPITULO 49
Chillo del dolor al sentir como mi madre pasa un algodón con alcohol para desinfectar la herida que Thomas me dejó por el guantazo que me dio. Ahora estoy a salvo en casa de Miguel, desde aquí puedo escuchar los gritos de auxilio por parte de mi ex novio y por ahora solo puedo sonreír porque todo esto no es ni la quinta parte de lo que mi familia le hará pagar por lo que me hizo. Mía, acaricia delicadamente la punta de mi nariz mientras que yo la arrugo un poco al recibir sus toques