La voz de Elara era fría, pero cada palabra que pronunciaba le hacía sentir como si le clavaran cuchillos en el corazón.
Tristán era libre, pero Elara no.
Puede que se quede sola para siempre, inmersa en esta tristeza indescriptible.
Por el niño al que había entregado tan fácilmente, Elara le echó la culpa de la pérdida de esa vida a él y a Rosalie.
Podía decir con indiferencia que todo había terminado.
Sin embargo, para ella fue diferente.
Esa niña era el verdadero ángel que había aparecido en