La noche siguiente, Louis llegó temprano para recoger a Elara.
Al bajar las escaleras, Elara proyectaba una imagen de elegancia madura, vestida con un elegante y sofisticado vestido de gala. Su maquillaje, discreto pero favorecedor, resaltaba sus brillantes ojos, cautivando a todos los presentes.
Su destino, un restaurante privado que habían elegido previamente, estaba un poco lejos en coche, pero contaba con un ambiente que bien merecía la pena el viaje.
Era el lugar ideal para una cita romá