Llegó la hora de salir de la empresa y al igual, que el día anterior, Leandro esperó por su asistente. Él salió primero de su oficina y al pasar junto a ella, le murmuró:
—La estaré esperando en mi coche. No tarde por favor.
—¡Sí, señor! —contestó ella, mientras apagaba el computador de su escritorio.
Él fue hasta el estacionamiento subterráneo y minutos después subió al coche. Leandro condujo hasta el apartamento de la chica. Durante el trayecto conversaron muy poco. Finalmente el coch