Alba lo observa con enojo y le responde:
—No necesito coquetearle a un hombre para que este se fije en mí.
—Me imagino —el tono de Leandro es sarcástico.
—Además estoy aquí por mi abuela, sólo por ella. —los ojos de Alba se vuelven cristalinos y es cuando él nota que algo más está ocurriendo.
—¿Pasa algo? —ella evade la mirada y se seca con el reverso de la mano la lágrima que la delata ante él.
—Necesito ver al médico que la atendió en el puesto de salud. ¿Puede llevarme?
—Cla