El momento de ingresar a Lucía al quirófano es algo conmovedor y difícil para ambas mujeres.
—Prométeme que vas a estar bien, abuela.
—Sí, mi niña. Sabes que nunca te abandonaría.
—Lo sé, eres lo único que tengo —besa las manos de la anciana.
—Con permiso, señorita, debo llevar a la paciente —el enfermero interrumpe la escena.
—¡Sí, disculpe! —Alba responde, siente un nudo en su garganta, cuando ve que las puertas del quirófano se abren.
Para la pelicastaña, Lucía realmente lo es todo.