Capítulo 29. En mis brazos
"Augusto"
Isabella durmió durante cuatro horas, en algún momento se acurrucó contra mí, abrazándome y durmiendo tranquila. Yo, por otro lado, no pude pegar el ojo. Mi mente hervía con mil suposiciones y, por encima de todo, con el odio por la audacia de alguien al invadir mi casa con mi mujer dentro.
Porque sí, aunque fuera una relación puramente contractual, Isabella era mi mujer.
Cuando finalmente se movió y abrió los ojos, tardó un instante en ubicarse y entender dónde estaba.
—Todo está bie