Capítulo 29. En mis brazos
"Augusto"
Isabella durmió durante cuatro horas, en algún momento se acurrucó contra mí, abrazándome y durmiendo tranquila. Yo, por otro lado, no pude pegar el ojo. Mi mente hervía con mil suposiciones y, por encima de todo, con el odio por la audacia de alguien al invadir mi casa con mi mujer dentro.
Porque sí, aunque fuera una relación puramente contractual, Isabella era mi mujer.
Cuando finalmente se movió y abrió los ojos, tardó un instante en ubicarse y entender dónde estaba.
—Todo está bien. No te pasó nada. Estás a salvo, en casa de mi abuela —dije, intentando calmarla.
Estábamos demasiado cerca en aquella cama, abrazados, mi rostro casi pegado ao suyo, ojo a ojo. Nunca me había fijado en los ojos de Isabella; eran de un castaño claro, casi verde. Su boca era bonita, carnal, provocativa… y yo sabía exactamente qué gusto tenía.
Ella no dijo nada. Por un segundo, nos perdimos en la mirada del otro. No sé quién avanzó primero, pero, de repente, estaba besando a Isabella; jamás conf