Un nuevo día había llegado y gracias a Jeanniel aprendí muchísimas cosas sobre cómo ser la recepcionista. La emoción que sentía por haber adquirido nuevos conocimientos no me la quitaba nadie.
No imaginaba que podía hacerlo. Me encontraba en el auto de mis padres, yendo de camino al trabajo ya que sería mi segundo día y estaba llena de entusiasmo porque me gustaba lo que tenía que hacer.
Me distraía de los malos pensamientos.
—¿Ya te topaste con Dante? Me habías dicho que trabaja ahí —cuestionó