El hospital está en completo silencio, solo se oye las manecillas del reloj que cuelga de la pared blanca. Sentados en las sillas de metal esperando que nos den alguna noticia de Luca, las horas parecen eternas, la desesperación en el rostro de Luciano se puede ver a kilómetros. Tiene escondida la cabeza entre sus manos, erguido hacia delante. Hemos volteado hacia la puerta de madera tantas veces esperando que salga algún doctor que nos diga cómo se encuentra Luca.
Bufo impaciente.
Escucho com