Clara
Han pasado dos semanas desde que cruzamos esa línea invisible que separaba nuestras vidas de lo inevitable. Dos semanas viviendo en la mansión Hale, despertando bajo el mismo techo que Sebastian, viendo a mi hijo correr por pasillos demasiado grandes para él, escuchándolo llamarlo papá con una naturalidad que todavía me incomoda. Dos semanas que han sido suficientes para que la convivencia deje de sentirse provisional y comience a parecer peligrosamente real.
También han sido dos semanas