Nathaniel
Cierro la puerta de la oficina con suavidad, como si no hubiera nada fuera de lugar y todo siguiera exactamente donde lo dejé, pero sé que no es así, lo sé por la forma en que Sebastian me miró hace unos minutos, por esa tensión en su mandíbula y ese silencio que no era silencio sino contención. Camino despacio hasta el escritorio, apoyo ambas manos sobre la superficie y bajo la cabeza apenas un segundo, organizando lo que ya es evidente.
Sebastian ya no confía en mí. No tiene prueba