CARMEN
El golpecito en el cristal me hace apretar con fuerza la almohada. Es el tercero en los últimos veinte segundos y el hecho de que no venga de la puerta me asusta más. Subo las rodillas hasta el pecho, acurrucándome como una ardilla bajo la manta mientras aprieto los ojos.
¿Y si es él? El hombre del cuchillo. ¿Debería llamar a papá?
Debería haber hecho caso a mamá y dormir en su habitación en vez de en la mía.
Hay otro golpecito, esta vez más fuerte, y oigo crujir algo. Creo que es el cri