Cerró los ojos, demasiado involucrados.
Tomó aire e intentó concentrarse.
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-¡Hola, hola!
-Hola, CEO, buenos días.
-¿Cómo estás?
-Bien.
-Ojalá y te lo creyeras.
-Lo estoy, lo juro. Pero no hablemos de mí sino de negocios.
-Esa voz me gusta.
Tres horas de discusiones sobre negocios y estaban hechos polvo.
-Mueroooo, se me ha secado el cerebro gracias a ti.
-Ja. Lo sé, pero era importante discutir todo esto ahora, sobre todo porque tenemos que tomar un vuelo hoy por la noche.
-¡¿Hoy?!
-Sí, ho