Su corazón latió desbocado, tragó saliva.
Y no fue el único, la persona al otro lado de la llamada también lo hizo.
-Bue...
¿Quién habla?
-...
Nadie respondió de inmediato a su pregunta.
Unos cuántos segundos después, una voz de mujer, también familiar pero distinta a la anterior lo saludó.
-¿Hermano?
¿Cómo estás?
-¿Hanna?
-Así es... La misma.
¿Cómo te ha ido?
-Bien, gracias...
¿Cómo estás tú?
-Perfectamente bien.
¿Necesitas algo? Me temo que Igor no se encuentra ahora.
-No... Yo... En realidad