El sol de finales de la mañana se filtraba por las ventanas de la casa como oro líquido, iluminando los pasillos con delicadeza. La hacienda ya estaba en movimiento: pasos apresurados en el patio, voces lejanas llamando a los caballos, el sonido de alguna herramienta golpeando a lo lejos.
Lila, sin embargo, caminaba sin prisa, explorando el interior de la casa como quien descifra un mapa antiguo. Al pasar frente a la puerta del despacho, que estaba apenas entreabierta, escuchó una voz grave, fi