Taylor seguía de pie en medio de la cocina, sosteniendo la taza de café como si fuera una granada a punto de explotar. La frase susurrada por Lila resonaba una y otra vez en su mente:
“Será mejor que me despiertes, cowboy. O corres el riesgo de que te arranque algo y lo tire lejos…”
Por Dios. Estuvo a punto de derramar el café. Intentó recuperar la compostura mientras fingía prestar atención al bizcocho de maíz en su plato, pero era inútil. El aroma de ella seguía en sus fosas nasales. El calor