El sol de la mañana se filtraba delicadamente por las cortinas de la cocina, tiñendo el ambiente de un dorado acogedor. La mesa, como cada mañana en la hacienda Sun Valley, era un espectáculo digno de la portada de una revista.
Había de todo: jugos de colores en jarras de vidrio, frutas frescas cortadas con una precisión casi artística, una fuente de pan de maíz todavía desprendiendo vapor, queso semicurado derritiéndose sobre el pan recién salido de la plancha, huevos revueltos con mantequilla