La madrugada envolvía la hacienda Sun Valley en un silencio espeso, húmedo, casi sagrado. En la habitación, la lámpara apagada dejaba todo sumido en una penumbra azulada. El mundo exterior parecía lejano. Ni siquiera quedaba el sonido de la lluvia. Solo el discreto tic-tac del reloj en la pared y dos respiraciones suaves entrelazadas en la oscuridad.
Taylor dormía. O casi. El calor en la habitación se había vuelto un manto denso. Y su cuerpo, grande y acostumbrado a noches solitarias, ahora est