La cocina exhalaba calor, olor a especias intensas, leña quemada y nervios a flor de piel.
Maria comandaba los fogones como una directora de orquesta experimentada, y la sinfonía de la cena estaba en pleno auge. Carne asada dorada en su punto, arroz suelto humeante, verduras coloridas y brillantes, pan casero recién salido del horno, todavía desprendiendo vapor. Había un aroma de hogar en aquel lugar.
Pero el ambiente estaba lejos de ser acogedor.
Taylor estaba sentado en la cabecera de la mesa