Hanna Becker
New York
Llegada la hora de la comida, ya me había acabado un paquete completo de galletas y un termo con té helado, delicioso que mi amado esposo me preparaba, Devin se encargaba de mantener mis antojos, tanto era así que era capaz de traerme algo si se lo pedía, amaba a mi esposo al ver cómo me consentía, es un hombre tan atento, me derrite tanto amor. Me pregunto que estará haciendo ahora.
–Hanna, en qué piensas cuñada, te estaba diciendo algo y te fuiste quien sabe para dónde.