Hanna Becker
New York
Katie y yo, nos abrazamos felices por la oportunidad que nos estaba brindando Levina y las dos nos fuimos a comer a mi casa, dónde Devin ya nos esperaba con suculentos y exquisitos manjares que apenas pusimos un pie dentro y el aroma inundó nuestros sentidos.
–Hola, amor. Hola, hermanita, las dos se ven con unas caras de que algo han hecho – Devin se reía – Están demasiado sospechosas.
–Sí, lo estamos, pero no es que hayamos hecho nada, Devin, al menos no nada malo – Lo ab