CAPÍTULO 175: DE MANOS ATADAS
Ricardo
El sol comienza a descender en el horizonte cuando el capitán Fernández llega al rancho. Su patrulla se detiene en la entrada, y yo lo espero en la puerta, sintiendo cómo la tensión en mi pecho se convierte en una presión insoportable. Abre la puerta del coche con una calma que me exaspera, pero trato de mantener la compostura. Necesito que actúe rápido.
—Ricardo, ¿qué sucedió? —pregunta Fernández ni bien sale del auto, su mirada ya está escrutando la propi