Capítulo IV. “Primeros problemas en el paraíso. Orgullo de herederas.”
Miriam.
Después de haces el amor varias veces en la ducha y mientras nos secábamos sobre el aparador del baño, la cena se había quedado fría y tenía que recalentarla, le advertí a mi esposo que no se le ocurriera bajar hasta que no le llamar, mientras volvía a calentaba la cena, porque si no, mis esfuerzos de hoy en la cocina se irían a la basura, ya que no creía que mi cena aguantase otro golpe de calor y supiera igual, ni yo, dado el estado que estaban mis músculos de todo mi cuerpo, y el tem